Reducir el uso de las pantallas sin discusiones

Escrito por pensament

Publicado el 12/08/2026

“Cinco minutos más…”. Si tienes hijos, probablemente hayas escuchado esta frase en más de una ocasión. Apagar la televisión, dejar la tablet o guardar el móvil puede convertirse en una auténtica batalla. Llantos, enfados, negociaciones interminables e incluso rabietas forman parte del día a día de muchas familias. Pero, ¿qué podemos hacer cuando parece que las pantallas son lo único que interesa a nuestros hijos?

Vivimos en una sociedad en la que la tecnología está presente en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Por ello, el objetivo no debe ser eliminar las pantallas, sino enseñar a los niños a utilizarlas de una manera saludable y equilibrada.

 

¿Es normal que mi hijo se enfade tanto cuando le quitamos la tablet o el móvil?

La respuesta es sí. Las pantallas ofrecen una estimulación muy intensa: imágenes en movimiento, sonidos, recompensas inmediatas y actividades que captan fácilmente la atención del cerebro infantil. Cuando pedimos a un niño que deje un videojuego o apague un dibujo animado, no solo está terminando una actividad que le resulta muy divertida, sino que además debe pasar a otra mucho menos estimulante.

Por este motivo, es habitual que durante los primeros días aparezcan protestas, enfados o rabietas. Esto no significa que vuestro hijo tenga un problema grave ni que las pautas no estén funcionando. En la mayoría de los casos, simplemente está aprendiendo a tolerar un límite que hasta ese momento no existía o no era constante.

 

¿Debemos prohibir completamente las pantallas para solucionar el problema?

Muchos padres piensan que la mejor solución es retirar todos los dispositivos electrónicos de un día para otro. Sin embargo, esta medida suele generar todavía más conflictos y, además, no enseña al niño a hacer un uso responsable de la tecnología.

Las pantallas forman parte de nuestra sociedad y seguirán acompañando a nuestros hijos durante toda su vida. Por ello, resulta mucho más útil enseñarles cuándo, cuánto y cómo utilizarlas que intentar eliminarlas por completo. El objetivo no es que nunca vean la televisión o jueguen con una tablet, sino que estas actividades no sustituyan otras igual o más importantes, como jugar, hacer deporte, leer, relacionarse con otros niños o descansar adecuadamente.

 

¿Cómo podemos reducir el tiempo de pantalla sin que cada día termine en una discusión?

Uno de los errores más frecuentes es intentar cambiar el hábito de forma brusca. Si un niño pasa varias horas utilizando la tablet y de repente se la retiramos completamente, es muy probable que aparezcan conflictos constantes.

Resulta mucho más eficaz establecer unas normas claras y mantenerlas con firmeza. Por ejemplo, decidir que la televisión solo se verá después de terminar las tareas o que la tablet podrá utilizarse un tiempo determinado durante el fin de semana. Lo realmente importante no es el número exacto de minutos, sino que el niño conozca las normas y que todos los adultos las mantengan de forma coherente.

 

¿Qué hacemos cuando nuestro hijo protesta, llora o tiene una rabieta porque quiere seguir usando la pantalla?

Es comprensible que los padres cedan cuando llevan varios minutos soportando un enfado, especialmente si están cansados o tienen otras obligaciones. Sin embargo, cuando accedemos después de una rabieta, el niño aprende que insistiendo un poco más puede conseguir aquello que desea.

En estos momentos es importante mantener la calma, validar su enfado con frases como: “Entiendo que estés enfadado porque te estabas divirtiendo”, pero mantener el límite establecido. Validar una emoción no significa cambiar la norma. Los niños necesitan adultos que comprendan cómo se sienten, pero también que sean firmes y consistentes.

 

¿Qué alternativas podemos ofrecer?

En muchas ocasiones retiramos la tablet o apagamos la televisión, pero esperamos que el niño encuentre solo otra actividad. Sin embargo, cuando las pantallas han ocupado una gran parte de su tiempo libre, es posible que necesite ayuda para redescubrir otras formas de entretenimiento.

Salir al parque, cocinar en familia, hacer manualidades, leer cuentos, jugar a juegos de mesa o simplemente dedicar unos minutos a jugar con ellos son excelentes alternativas. Al principio es normal escuchar frases como “me aburro”, pero el aburrimiento también favorece la creatividad, la imaginación y el juego espontáneo.

 

¿Influye nuestro propio uso del móvil en el comportamiento de nuestros hijos?

Los niños aprenden principalmente observando el comportamiento de los adultos. Si nosotros consultamos continuamente el teléfono mientras comemos, vemos una película o jugamos con ellos, será muy difícil convencerles de que deben reducir su propio tiempo de pantalla.

Por ello, uno de los cambios más efectivos consiste en establecer pequeños momentos familiares libres de dispositivos electrónicos: durante las comidas, antes de dormir o mientras compartimos una actividad juntos. Los hijos aprenden mucho más del ejemplo que de los discursos.

 

¿Cómo podemos reforzar un uso responsable de las pantallas?

Con frecuencia prestamos toda nuestra atención cuando el niño protesta o incumple las normas, pero olvidamos reconocer los momentos en los que sí lo hace bien.

Cuando apague la televisión sin discutir, respete el tiempo acordado o decida jugar a otra cosa por iniciativa propia, es importante hacérselo saber. Comentarios como “Qué bien has apagado la tablet cuando te lo he pedido”, “Gracias por respetar el tiempo que habíamos acordado” o “Estamos muy orgullosos de cómo lo estás haciendo” aumentan la probabilidad de que vuelva a repetir ese comportamiento.

Reducir el uso de las pantallas no suele conseguirse de un día para otro. Habrá avances, retrocesos y momentos en los que parezca que nada funciona. Sin embargo, con paciencia, normas claras, alternativas de ocio y un buen ejemplo por parte de los adultos, los niños pueden aprender a disfrutar de la tecnología sin que esta ocupe el centro de su vida. Recordad que el objetivo no es luchar contra las pantallas, sino enseñar a vuestros hijos a convivir con ellas de una forma sana y equilibrada.